Resulta evidente que es larga la lista de problemas que
afectan las estructuras y relaciones sociales y que, de alguna manera, nos
alejan de la sociedad ideal en la que todos gozaríamos de bienestar y
prosperidad, en la que podamos desarrollar nuestras potencialidades y
participar en la construcción del porvenir en un ambiente de paz y tolerancia.
Sin embargo, no se puede responder a todos los problemas al
mismo tiempo: algunos serán más frecuentes o tendrán mayor impacto que otros;
algunos podrán ser solucionados a corto o mediano plazo, otros, a largo plazo;
algunos entran en el ámbito de nuestras competencias, otros no. De allí que sea
imperativo, en primer lugar depurar, realizar una "decantación" de la
enorme lista de problemas, asignando prioridades.
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